¿Pueden Wilders, Timmermans y Jetten comerciar con criptomonedas?
Mañana, los Países Bajos acudirán a las urnas. Y en cuanto el tema de la política y el dinero se pone sobre la mesa, siempre surge la misma pregunta: ¿pueden los políticos invertir en criptomonedas? La respuesta es sencilla: sí, los diputados pueden hacerlo. Pero en el caso de los ministros la situación es distinta.

¿Qué puede hacer un diputado?
Los diputados pueden poseer criptomonedas o acciones sin tener que revelar cuántas ni en qué invierten exactamente. Para los cargos adicionales hay obligación de declararlos, pero no ocurre lo mismo con los intereses financieros. De este modo, un diputado puede tener millones invertidos sin que el público sepa qué empresas o tokens se benefician de ello.
Los juristas consideran esto llamativo, especialmente ahora que las criptomonedas cada vez se ven más como un instrumento financiero en el que la influencia o la información privilegiada pueden desempeñar un papel importante.
Idsinga: cuando la falta de transparencia lleva a la dimisión
En 2024 quedó patente lo delicado que puede ser este asunto. El secretario de Estado Folkert Idsinga (NSC) contaba con un paquete de acciones valorado en millones. Formalmente cumplió las normas y puso sus intereses “a distancia”, pero se negó a revelar de qué empresas se trataba exactamente.
Cuando la presión en el Parlamento aumentó y el socio de coalición PVV exigió transparencia, la confianza política se desvaneció. El 1 de noviembre de 2024 dimitió como secretario de Estado porque, según afirmó, ya no se sentía con la libertad necesaria para desempeñar su trabajo de manera creíble. Solo tras su salida dio a conocer en qué había invertido. Más tarde regresó como diputado, donde las normas vuelven a ser más flexibles.
Ese momento mostró dónde está el verdadero límite: no en la ley, sino en la confianza.
Los ministros bajo un escrutinio más estricto
Quienes llegan a ser ministros deben ofrecer mayor transparencia y, a veces, incluso desprenderse por completo de sus inversiones. El ministro de Finanzas no puede tener inversiones en bolsa. Esto busca evitar que las decisiones políticas generen beneficios personales. Sin embargo, los controles no son muy rigurosos y todo se basa en acuerdos de confianza.
Lo que ocurre en Estados Unidos
En Estados Unidos este tema ya está plenamente en la arena política. Hay una propuesta concreta para prohibir por completo a los funcionarios electos poseer criptomonedas. Según el demócrata Ro Khanna, no se trata de tecnología, sino de integridad: los políticos no deben poder ser influenciados por su propia cartera digital.
El debate se aceleró tras darse a conocer que el fundador de Binance, CZ, recibió un indulto del presidente Trump. Los críticos, entre ellos Khanna, lo consideran un ejemplo de intereses que van mucho más allá de la mera regulación. Se les acusa de que multimillonarios extranjeros compran influencia mediante dinero y proyectos cripto vinculados a políticos.
En Washington ahora se investiga si las criptomonedas en manos de políticos pueden derivar en conflictos de interés, tal como ocurrió anteriormente con la compraventa de acciones por parte de congresistas. Hace tiempo existe la propuesta de prohibir también esa práctica, porque los políticos a veces obtienen beneficios gracias a información que el público recibe mucho más tarde. Ahora a ese debate se suma también el de las criptomonedas.
¿Seguirán los Países Bajos el ejemplo?
Los Países Bajos claramente están rezagados en este tema. Mientras la confianza siga siendo la base, basta un solo incidente para endurecer las normas. El caso Idsinga ya demostró qué ocurre cuando los políticos dan la impresión de ocultar algo.